
CURSOS DE PILOTAJE EN PIT BIKE
ACCESO RÁPIDO
CURSOS POR UBICACIÓN
Llegó Sergio desde Madrid (zona norte) en uno de esos diías en pleno Diciembre con un tiempo perfecto y un perfil muy habitual en la escuela: años de carnet, ganas, decisión… pero con un pilotaje lleno de pequeñas trampas que, en carretera, algún día pasan factura.
No venía con miedo sino con algo peor, una tensión a los mandos que le absorbía en una espiral de la que no podía salir. Esa sensación de que sabes “lo que habría que hacer”, pero el cuerpo hace otra cosa. Y cuando eso pasa, todos los problemas aparecen en cascada: mirada, gas, postura, rigidez, reacciones de supervivencia… y el pilotaje deja de fluir.
Este caso es un ejemplo perfecto de una idea que repetimos siempre:
Cuando tu mirada se desordena, el gas se vuelve inestable.
Cuando el gas se vuelve inestable, tu cuerpo se agarra donde no debe.
Y cuando te agarras donde no debe… la moto deja de girar contigo.
Desde fuera se veía clarísimo.
Sergio iba con:
En vez de acompañar la curva, se “descolgaba” al revés. Eso, unido a una gestión del gas irregular, hacía que la moto se sintiera inestable. Y cuando un piloto se siente inestable, aparece el gesto de supervivencia más típico:
Sacar el pie para “salvar” la caída.
Era un intento automático de recuperar control cuando el cuerpo ya no confía en lo que está pasando y tira la toalla.

En Sergio había “de todo”, sí. Pero cuando hay muchos problemas juntos, no se ataca todo a la vez. Se prioriza.
Y el orden que seguimos es casi siempre el mismo, porque funciona:
Sergio iba mirando demasiado cerca, cambiando puntos continuamente y, lo más peligroso: mirando a los "puntos de peligro”.
En moto esto es letal, porque el cuerpo hace exactamente lo que le ordena el cerebro: vas donde miras.
Si tu mirada va saltando, tu referencia cambia, tu dirección cambia… y tu gas va detrás, reaccionando tarde y mal.
Cuando la mirada se estabiliza, el gas empieza a estabilizarse. Y cuando el gas se estabiliza:
Aquí pasa lo importante: aparecen buenas sensaciones. Y cuando aparecen buenas sensaciones, ya puedes construir.
La postura no es “postureo”. Es una herramienta para:
En Sergio, la postura no se trabajó “para verse bonito”. Se trabajó porque era lo que le faltaba para que el pilotaje dejara de ser una lucha.

Empezamos con ejercicios muy controlados donde el objetivo no era “ir rápido”, sino hacerlo estable:
Ese concepto es clave para carretera, si alguna vez una curva se cierra o te falta trayectoria, necesitas recursos para corregir sin pánico.
No se trata de ir “como en circuito”, sino de entender cómo funciona la moto cuando tú haces bien las cosas.
Sí, enseñamos a tocar rodilla. Pero no porque queramos que nadie vaya así por carretera (ni mucho menos). Lo hacemos por una razón muy concreta:
Cuando el alumno siente el extremo, entiende el control.
Y cuando entiendes el control, ocurre algo impresionante, ya que dejas de temer la inclinación, porque ya sabes qué esperar cuando lo haces, que respuesta va a tener la moto, las sensaciones que te vas a encontrar y sobre todo, lo mas importante, que hacer para que toda esa situación sea completamente estable, minimizando al máximo los riesgos.
Es como entrenar frenadas fuertes en un entorno seguro, no se hace para hacerlo siempre, sino para que, si un día lo necesitas, no te pille por sorpresa.
El cambio fue brutal.
Sergio consiguió:
Pero lo más importante no fue “la rodilla”. Lo importante fue esto:
por primera vez, la moto dejó de ir contra él.
Empezó a girar con él.
Y eso, en carretera, es seguridad.

En una moto grande, muchos errores se disimulan, y tiene un principio básico en la física, peso, inercias, velocidad y cierta “permisividad” que oculta fallos… hasta que un día no hay margen.
Con una pit bike, el error se ve al instante. Y eso no es una desventaja. Es la mejor herramienta para mejorar.
Cuando el piloto aprende a ir fino, suave y por el sitio en pit bike, al trasladarlo a su moto de calle, todo se vuelve mucho más fácil. Va “por el sitio”, sin pelea.
Este caso es para ti si:
La opinión de Sergio:
"Curso espectacular, me ha gustado mucho y he aprendido un montón, recomendable 100%."
⭐⭐⭐⭐⭐ — Reseña verificada en Google
La rigidez, el gas a tirones y la mirada saltando no son manías: son señales de que tu pilotaje va en tensión. Y en carretera, cuando un día la curva se cierra, hay gravilla o entras con menos margen… esa tensión no te salva. Te estorba.
Lo que hizo Sergio no fue “aprender a tumbar”. Fue aprender a que la moto vuelva a girar con él: mirada estable, gas estable y mandos liberados. Eso es lo que te da seguridad real para disfrutar de las curvas con control.
Si te has visto reflejado, no necesitas más kilómetros “a ver si un día sale”. Necesitas corrección en tiempo real y ejercicios que hacen evidentes tus fallos sin ponerte en riesgo. Por eso, en nuestro Curso de Pilotaje en Pit Bike (2:1) trabajamos lo que realmente cambia tu seguridad en carretera.
*No se trata de ir más rápido. Se trata de que la moto vuelva a ir estable contigo para que, ahí fuera, tengas margen de verdad.
Sí. De hecho, es el perfil más habitual: motoristas con experiencia que han construido hábitos que “funcionan… hasta que un día no”. Aquí los corriges con método.
No. Lo que se aprende se transfiere directamente a carretera: mirada, gas, postura y recursos para corregir trayectoria con control.
Porque con una moto grande muchos fallos se esconden. Con pit bike, se ven, se corrigen y se interiorizan más rápido y con menos riesgo.
Sí, por dos motivos: corrección constante y aprendizaje por observación. Ver a tu compañero cometer el mismo error y ver cómo cambia la moto cuando lo corrige acelera mucho el aprendizaje.
Es un entorno controlado, con ejercicios progresivos y foco en técnica. No entrenas “a lo loco”: entrenas con método.
No es el objetivo. El objetivo es control y seguridad. La rodilla es una herramienta didáctica para entender la moto en el extremo, no un fin.